lunes, 5 de diciembre de 2016

Los Premios IgNobel 2016(3)

5. Premio IgNobel de Reproducción 
Ha sido concedido al egipcio Shafik por su estudio "Efectos producidos sobre la sexualidad de las ratas al ponerles calzoncillos de diferentes materiales: poliéster, algodón y lana". Se escogieron 75 ratas divididas en grupos, cada uno “calzado” con uno de los referidos tipos de gayumbos. El comportamiento sexual de los roedores se midió antes de la prueba, a los seis meses de llevar los gayumbos y a los doce meses. Como conclusión del estudio se vio que el comportamiento sexual (las ganas de triqui triqui, vamos) había disminuido de forma estrepitosa en las ratas que usaron calzones de poliéster. La razón es que el poliéster genera campos electrostáticos inhibitorios que afectan a las estructuras “intrapeniles”, disminuyendo la líbido. 

A nosotros en la mili nos metían clandestinamente bromuro en la comida para reprimir nuestros deseos carnales y nuestra natural inclinación al fornicio. Supongo que ahora el Ejército regalará gayumbos de poliéster a los soldaditos. 

6. Premio IgNobel de Percepción 
El premio IgNobel de Percepción se adjudicó a los japoneses Higashiyama y Adachi por su estudio “Tamaño y distancia percibidos en los objetos cuando se los mira cabeza abajo entre las piernas”. Se colocaron cinco objetos de tamaños variables entre 32 y 162 cms de altura. Noventa observadores, en diferentes posiciones (erguidos, tumbados, mirando entre las piernas con la cabeza invertida), tenían que expresar verbalmente el tamaño percibido y la distancia a la que estimaban que se encontraban los objetos. Los 15 observadores que miraron entre las piernas con la cabeza invertida expresaron distancias y tamaños inferiores a los reales. Tras numerosas pruebas el estudio concluyó que las minoraciones en distancia y tamaño que observaron los de la cabeza invertida se debía a la posición doblada del cuerpo, no a la inversión de la imagen en la retina. 

7. Premio IgNobel de Psicología 
El premio IgNobel de Psicología ha sido concedido a un estudio de Debey, De Schryver, Logan, Suchotzki y Verschuere (Bélgica, Holanda, Alemania, Canadá, EEUU) en el que se preguntaba a 1000 mentirosos con qué frecuencia mentían y se analizaba si había que creer o no sus respuestas. La amplia muestra comprendía personas entre 6 y 77 años. Al parecer la frecuencia de la mentira aumenta durante la infancia, alcanza su punto máximo en la adolescencia y disminuye durante la edad adulta. Y otras conclusiones que no he entendido bien al leer el abstracto, mi conocimiento del inglés solo alcanza el nivel de "chungo".

lunes, 28 de noviembre de 2016

Los Premios IgNobel 2016(2)



2. Premio IgNobel de Física
Se ha otorgado a dos investigaciones dirigidas por el equipo del húngaro Horváth. En la primera encontraron la razón por la que los caballos de capa blanca atraen menos a los tábanos que los de otras capas, a pesar de ser más visibles. Tras numerosos experimentos, demostraron que dicha razón estriba en que los tábanos utilizan la luz polarizada reflejada por la piel de los caballos, y que dicha luz presenta en los caballos no blancos una “polarotaxis” positiva, que no sé qué es pero mira por dónde atrae más a los tábanos. En la segunda, hallaron la razón por la que algunas especies de libélulas se ven atraídas por las lápidas de piedra de color negro de los cementerios en lugar de hacerlo por lápidas de otros colores.

Ya he dejado dicho que me entierren bajo una lápida clara. Que me coman los gusanos lo tengo asumido, puede que sea hasta agradable por las cosquillitas, pero que me pululen las libélulas pululadoras, de eso nada.


3. Premio IgNobel de Química
Este es el más irónico de los premios. Se le concedió a Volkswagen por haber resuelto el problema de la excesiva emisión de elementos contaminantes de sus vehículos mediante la reducción automática y electromecánica de estas emisiones durante los tests previos. Naturalmente, nadie de Volkswagen fue a recoger el premio. Y es que los chorizos no tienen sentido del humor


4. Premio IgNobel de Medicina
El premio IgNobel de Medicina se ha adjudicado a un equipo formado por los alemanes Helmchen, Palzer, Münte, Anders y Sprenger que han demostrado que cuando tenemos un picor en un lugar del cuerpo se encuentra un gran alivio colocándose frente a un espejo y rascándose en el lado contrario al lugar de la picazón. Se eligieron para ello 26 personas a las que se inyectó previamente histamina dihidroclohrídrica y se las puso frente a un espejo para comprobar que efectivamente se producía el efecto simétrico-aliviador indicado.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Los Premios IgNobel 2016(1)

El 22 de septiembre pasado se celebró en la prestigiosa Universidad de Harvard la ceremonia de entrega de los Premios IgNobel del año 2016. Estos premios se otorgan anualmente a investigaciones científicas sobre hechos insólitos y divertidos. Organizados por la publicación científica humorística “Annals of Improbable Research (INR)”, el objetivo de los premios es recompensar trabajos que hacen primero reír y luego pensar. No son meros títulos, sino investigaciones serias apoyadas en experimentaciones y estudios profundos sobre materias intrascendentes y cachondas. Cada ganador recibe un billete de diez mil millones de dólares zimbadweanos (menos de un céntimo de euro) y asisten a la ceremonia de entrega cuatro auténticos premios Nobel.

En un mundo cada vez más cabreado, donde las caras serias y ceñudas han sustituido a las sonrisas y en el que el sentido del humor es una especie decadente, casi en vías de extinción, es gratificante que existan iniciativas como esta que a mí particularmente me arrancan risas incontroladas cada año. Casi no se habla de estos premios, una pena, y por eso pongo mi granito de arena para que los conozcáis (si no los conocéis) y os hagan sonreír a la docena de personas que se asoman a esta ventanita. Gracias. 

Voy a exponer, en cuatro entregas, la relación de los 10 trabajos premiados este año, acompañándolos de un "mono" alusivo y pretendidamente gracioso que he dibujado en cada caso.

1. Premio IgNobel de Biología
Se ha concedido al británico Thomas Thwaites, que ha fabricado unas prótesis que le permitieron caminar a cuatro patas imitando el desplazamiento de las cabras y vivir entre ellas en los Alpes suizos durante algún tiempo, para estudiar su comportamiento. Durante su experiencia se alimentaba de hierba. Entre las conclusiones de su estudio, Thomas expresó que “como cabra, he averiguado que es más fácil trepar que descender” y que “el hombre no está diseñado para funcionar como cabra, pues no puede soportar durante muchas horas el peso de su cuerpo sobre los brazos”. Mi familia, si se entera, tendrá que cambiarme el apodo. Hasta hoy me llamaban Diego, “el cabra”. 

También ha sido otorgado este premio al británico Charles Foster, que ha vivido en la naturaleza en diferentes momentos de su vida como un tejón, una nutria, un ciervo, un zorro y un pájaro.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Belleza

La belleza no solo está en una flor, en un amanecer, en una mirada, en un texto. La belleza también existe en una ecuación matemática. La mayoría de las ecuaciones resume en unos pocos grafemas y signos, con elegancia y sencillez, la solución a problemas de mayor o menor complejidad. Como ejemplo traigo la ecuación de la relatividad general de Einstein que relaciona las causas de la gravedad, masa y energía de un sistema con sus efectos sobre la deformación del espacio-tiempo, conceptos muy difíciles de entender intuitivamente pero que el genio supo sintetizar en una única fórmula de estética indudable. No solo el conocimiento y la ciencia progresan gracias a estos sabios que poco a poco van desenmarañando los enigmas del Universo y su origen, también las ecuaciones que sintetizan ese conocimiento y esa ciencia nos muestran que la matemática es uno más de los ingredientes de la belleza, tan importante como cualquiera de los demás.

(Foto: puesta "relativista" de Sol cerca de Cerdeña)

lunes, 7 de noviembre de 2016

Los y las

Me revienta, me repugna, me sublevo cada vez que oigo a cualquier político decir eso de “los ciudadanos y las ciudadanas”, “los españoles y las españolas”, “los diputados y las diputadas”, etc. Según la Real Academia de la Lengua “estos desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones que generan dificultades sintácticas y de concordancia y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos”. Y yo añado: son propios de demagogos y de horteras. Si fueran consecuentes, estos politiquillos deberían proponer el cambio del nombre de los partidos o convergencias donde militan (vegetan), que quedarían más o menos del siguiente modo: 

Ciudadanos y Ciudadanas. 
Unidos y Unidas Podemos y Pueden. 
Partido y Partida Popular. 
Partido Socialista Obrero y Obrera Español y Española. 

Y, si no pueden reprimir su necedad y complejo, propongo que al menos se cree un nuevo vocablo insexado para utilizar en los plurales de las palabras de género y evitar repeticiones. Ese término es “arroba”, cuyo grafismo, @, aúna la o y la a (o la a y la o, no discriminemos) y ya se utiliza en tuiteos y mensajeos. Así, pasaríamos a decir “ciudadanarrobas”, “diputadarrobas”, “madrileñarrobas”, etc. 

 Ahí queda mi propuesta.

lunes, 31 de octubre de 2016

Escalera portátil para ciáticos

Hace unas semanas quise coger las brevas de la higuera de mi huerta. Arrimé la escalera portátil, comencé a subir ágilmente, jop, jop, y a la altura del cuarto peldaño sentí un clujío en la espalda, un esclate que me hizo dar un alarido, y me quedé esfaratao, en forma de cuatro, sin poder tirar ni parriba ni pabajo. La puñetera ciática otra vez… Tuvieron que venir las vecinas a bajarme de allí, y mientras lo hacían tuve que soportar regañinas, cachondeos y contínuos “cómo se te ocurre a tus años”. Mi dignidad quedó dañada. 

Para evitar que ocurra en futuras ocasiones, he diseñado lo que llamo “escalera portátil para ciáticos”. En esencia consiste en una escalera portátil clásica, a la que he adosado un cómodo sillón elevable que se desliza a lo largo de uno de los largueros de la escalera. “¿Y cómo se desliza?”, preguntarán los más osados. Es sencillo (ver esquema). Uno de los largueros de la escalera es hueco y lleva en su interior una cremallera, en la que se engrana el “pinganillo de transmisión”. Este a su vez está soldado a un rodillo que se mueve girando un manubrio. El conjunto está alojado en la base del asiento del sillón. Para subir y bajar, el ciático no tiene más que sentarse en el sillón, agarrar el manubrio y girarlo a izquierdas (subir) o derechas (bajar). Ya no habrá breva que se me resista ni vecina que me recrimine. Ahora estoy trabajando en un modelo de dos plazas.

lunes, 24 de octubre de 2016

Espiga

Se sienta cada ocaso frente a la pared desnuda y mira ascender sobre su cama, tan vacía como ella, el lento reflejo de la ventana enrejada situada a su espalda, aguardando que el azar o la parábola caprichosa dibujada por un sol velado alcance, al fin, la espiga de libertad que un día dibujó con lágrimas y sangre sobre el frío yeso.

(Foto: sombra de ventana creciente sobre horizonte de cama deshecha)





lunes, 17 de octubre de 2016

Necesito enamorarme otra vez

Desde que mi última novia me abandonó para volver con su marido ―el colmo de la infidelidad, mis cuernos más infames― me hallo sumido en un estado confuso de indolencia, vagancia, paraqueísmo, indiferencia. Ningún olor de ninguna mata de ningún monte, olido en cualquier caminata sin pensamientos, me recuerda el olor de ninguna piel pretérita. Ningún perfume, ni siquiera el farala aspirado al cruzarme con una mujer en una calle sin nombre, me transporta a ropas desvestidas, a cabellos despeinados. Ninguna luna contemplada a una hora que ya no es mágica me trae el reflejo risueño de ninguna mirada que en ese momento me busca con afán desde lejos. Mi atrapabesos, extendido en lo alto de ese cerro que podría contar tantas historias olvidadas, hoy solo atrapa mosquitos, moscardas y moscardones. Ni siquiera me detengo a recoger esa concha azul en la playa desierta, entre lagrimillas de nostalgia, para colgarla de un cuello hoy seguramente desnudo o vestido con conchas ajenas. 

No sé, quizás necesito enamorarme otra vez, volver a ese estado de flotamiento inconsciente, de pensamiento obsesivo, volver a creer que es ella cada pitido wasapero de mi móvil hoy casi mudo. ¿O no…? No se está tan mal siendo dueño absoluto de tu tiempo, tus aficiones, tus chalaúras, esos entes inmateriales que también tienen su aquel, su alma, su olor, su sexo, y que siempre están ahí para acogerte con los brazos y los labios abiertos, sin preguntas, sin respuestas, sin reproches.

(Foto: concha azul en la playa de Ponte do Porco)

lunes, 10 de octubre de 2016

Picoesquinas (continuación 5)

Cuando ya nadie pensaba en él (o pensaba poco o no le importaba lo que le hubiera ocurrido) se lo vio atravesando los soportales de la plaza mayor en dirección a la fuente central, cuya agua rebelde le salpicó los zapatos. Aquí torció a la derecha y continuó hasta la parada del autobús (el cincuenta y dos concretamente), donde aguardaban dos hombres (uno parecía extranjero) y siguió hasta la puerta del híper. No entró. Hizo un giro a su izquierda y continuó por la alameda. Cruzó luego el paso de peatones detrás de la señora del carrito de la compra, a la que adelantó justo antes de llegar a la otra acera. Continuó durante cinco bocacalles más, viendo de soslayo su imagen reflejada en los escaparates de los comercios, aún ―o ya― cerrados. Al llegar al párking torció por la bocacalle de la derecha y cruzó la avenida por el paso subterráneo (no utilizó la rampa para discapacitados sino las escaleras adyacentes). Alcanzó la cafetería del viñales y torció a su derecha. Continuó la calle hasta el chino de la esquina y entró en el parque por la puerta de los emigrados. Salió de nuevo a la superficie y enfiló el paseo marítimo pasando por el pórtico de la victoria y caminó doscientos metros (doscientas diecinueve yardas al cambio). Embocó la calle ancha, que siguió por su bulevar central, sorteando los chiringos protegidos del sol con sombrillas de colores, la mayoría verdes (alguna morada, desentonando). Se detuvo en el quinto semáforo, para cruzar, y continuó por la calle perpendicular. Salió de la plaza por la puerta de san ginés y tomó la calle adyacente. Siguió después recto entre los setos de aligustre hasta alcanzar la fuente de los tres apóstoles. Cruzó dos avenidas y cuatro calles más, hasta llegar a la plaza a la que accedió por la puerta porticada y atravesó, de noroeste a sudeste, el espacio enlosado prohibido a los coches, esquivando la estatua ecuestre y a los comensales sentados en las terrazas, repletas a esa hora. Se detuvo en el semáforo y, cuando verde, atravesó la avenida hacia el parque. Llegó hasta la puerta del serbal, que atravesó para salir del parque, y siguió por la calle que delimita el gran jardín. Cruzó las tres calles siguientes y torció, en la cuarta, a su izquierda. Luego dobló la esquina y giró a la derecha donde la tienda de ultramarinos. Al llegar al chaflán del anís del mono siguió recto un cacho.

sábado, 1 de octubre de 2016

Paisajes gallegos. 16 Pesqueros

-Hola- le dijo. 
Y se sentó a su lado.

Y ya está.